lunes, 19 de noviembre de 2007

Alas Negras

Capítulo 1


Narcatsil, la ciudad más grande de todo Rhadushi y la más bella. Aunque la más peligrosa y atacada también.

Los habitantes de esta ciudad rendían culto a los dragones, de todos los colores, negros, blancos, rojos, verdes, azules... todos.

Estaba con un amplísimo perímetro de una muralla enorme, tal vez la más grande del mundo, a la luz del sol la ciudad se tornaba de color dorado mientras que a la noche era de un blanco plateado que encojía los corazones de aquellos que la miraban. La muralla estaba compuesta por cinco sectores, cada uno con tres torres, con cuatro balistas en cada una. Los arqueros eran los mejor entrenados y tenían una puntería infalible, los ingenieros eran los más precisos e inteligentes, y los soldados los más hábiles con las armas que existían... o eso creían. Al fondo se alzaba el poderosísimo castillo, dorado, verde, azul, rojo... esos eran los colores de los tejados de cada una de las torres y la fachada se coloreaba al igual que el resto de la ciudad dependiendo del día y del color del sol.

Hadar Anthalas, capitán del escuadrón del dragón rojo caminaba por la calle, mientras la larga capa le ondeaba en la espalda, la armadura de un rojo metálico como la sangre, y el yelmo en la mano izquierda, con su espada con empuñadura en forma de hidra en el cinto. La gente se apartaba a su paso y lo miraban fascinados. Nadie daba comprendido cómo era posible que alguien tan joven fuera capaz de ser capitán de ese escuadrón, el tal vez mejor organizado de toda la ciudad. También lo admiraban por su sorprendente habilidad con las armas o por su capacidad de realizar técnicas que sólo un maestro de armas conseguiría realizar. El largo pelo le caía por detrás de la espalda hasta llegarle al cinto. A veces su falta de barba daba a entender que era un poco afeminado, aunque eso era por que era barbilampiño por naturaleza, aunque sí, le crecía la barba, pero le molestaba a horrores aquellos pelos.

Otro guerrero algo más bajo que él, vestido con una cota de mallas del mismo color y con el yelmo puesto lo acompañaba. Era de complexión fuerte e iba armado con un hacha en donde empezaba el filo crecía la boca de un dragón, y en ciertas partes de la hoja estaban quebradas hacia dentro, con el fin de que hiciera más daño. El soldado le preguntó:

-Capitán... ¿A qué vamos ahora a palacio?

-Tenemos cita con el rey, Dulallos.-Contestó calmoso.

-¿Y para qué querrá vernos su ilustrísima?

-Eso lo descubriremos a su debido tiempo, amigo mío.-Mientras, siguieron andando mientras la gente se apartaba.

Apenas les llevó veinte minutos acabar aquel trayecto, donde tras encontrarse con dos guardias con picas, con yelmos planos y uniforme azul les saludaron:

-Adelante, Capitán Hadar.-Retiraron las picas y los dos guerreros entraron en el inmenso patio de armas, donde los soldados estaban entrenando, algunos con lanzas, otros con espadas, incluso con mazas y hachas. Unos pocos escasos estaban desarmados, entrenando artes marciales, aunque aquello que realizaban no era precisamente un arte. Hadar cruzó junto a Dulallos el patio, aunque nadie los miró. Entraron por el rastrillo del castillo, donde el pasillo estaba sustanciosamente decorado con cuadros y estatuas de bronce.

Los cortesanos los miraron y volvieron a su trabajo habitual, hasta que llegaron a la sala del trono, en donde una joven de más o menos la misma edad que Hadar salía corriendo apresurada, la que chocó con él con un sonoro "CLONC" de las armaduras. Ambos cayeron al suelo. Ella iba vestida con una armadura verdosa más o menos igual que la de Hadar. Éste le preguntó:

-¿A dónde vas con tanta prisa que atropellas hasta todo lo que se te cruza por delante, Lunne?-Ella le respondió con una sonrisa, mientras se peinaba un poco el pelo que se le cayó por toda la cara:
-Es que tengo un encargo muy importante del Rey, Hadar.-Se levantó y volvió a salir corriendo a toda la velocidad que podía.

Hadar se levantó como pudo y entró dentro de la sala del trono, una extensa alfombra roja estaba desplegada desde la entrada hasta los escalones donde se alzaban tres tronos, uno a la derecha donde se encontraba una joven de pelo largo y castaño, elegantemente vestida y con unos profundos ojos marrones. En el centro el rey, hombre bastante viejo, con una larga barba y ataviado con una túnica verde y un bastón con cabeza de dragón, y el trono de la izquierda estaba vacío.

Hadar pasaba poco a poco por el amplio salón, con los guardias a los lados, sin apenas protecciones. "Y se supone que defienden al rey..." Pensó con un leve suspiro. La joven se lo comía con los ojos, y él era consciente de ello, no le agradaba mucho que la gente lo mirase continuamente. En breve llegó en donde se iniciaban los escalones. Se arrodilló y dejó el casco en el suelo mientras alzaba un poco el rostro. Dulallos lo siguió. El rey empezó a hablar:

-¡Ah capitán! El orgullo del ejército, junto al teniente.-Tras una breve pausa siguió:-No sé si conoceréis a mi hija Eilied.-Hadar lo cortó:

-Me pareció verla en el último desfile del escuadrón.-El rey siguió su arenga:

-Bien. Me alegra que la conozcáis por que el siguiente encargo tendrá mucho que ver contigo y tu escuadrón.

-¿Conmigo y...?-El rey lo cortó:

-Sí, ordeno a tu escuadrón escoltar a mi hija hasta Alinot, la ciudad de los elfos.

-¿A motivo de qué, señor?

-Cosas de ella.-Tras una pequeña pausa siguió:-Empezaréis mañana por la mañana a escoltarla.

-¡Sí señor!-Ambos se levantaron y golpearon el peto de las armaduras con los guanteletes. Se dieron la vuelta y se marcharon de allí.

Cuando ya estaban fuera del alcance auditivo de cualquiera de los hombres del palacio Dulallos comentó a Hadar:

-¿Te fijaste que se le caía la baba por ti?

Capítulo 2


Se levantó de la cama con un bostezo en el que se le veían los alineados y blancos dientes, mientras se quitaba la camiseta dejando ver su musculoso torso. Un soldado entró por la puerta dando un fuerte estruendo. Iba ataviado con un peto de cuero recubierto por una fina malla y le colgaba un arco por los hombros. El arquero le dijo a Hadar:

-¡Capitán, tenemos problemas con Genghis!

-¿Otra vez?-Preguntó cansino- Dejadlo ya me ocuparé de ese capitán del tres al cuarto.-El soldado lo miró boquiabierto mientras se colocaba la armadura:

-Señor... pueden haber muertos.

-Que los haya, ahora voy.-Se cogió la espada y se estiró un poco calmosamente.-Estos novatos que se creen superiores al resto por una hazaña de poca monta...- Empezó a andar mientras se dejaba atrás la pequeña cama que tenía en el vacío cuarto y salió, bajando por las escaleras de caracol calmosamente. El pelo lo tenía completamente enmarañado y un poco de barba le adornaba el mentón. "Supongo que intentaré dejármela... por un tiempo" Pensó para sí.

Pronto llegaron al amplio patio de armas, donde un amplio círculo de soldados se formaba alrededor de dos guerreros, uno era enorme con armadura de color azul y el otro era de la compañía de Hadar, bastante más menudo y tirado en el suelo mientras se retiraba arrastrándose por la tierra.

Sin embargo otro soldado de uniforme azul le dió una patada que le obligó a volver dentro del círculo, entre risas. Hadar se abrió paso entre los guerreros como pudo, a patadas o puñetazos le daba igual.

Una vez llegó dentro, dos hombres se le pusieron al paso, pero los apartó cogiéndolos por el tabardo y los tiró contra la tierra sin apenas molestarse. Entonces le gritó a Genghis:

-¡Genghis, veo que eres tan valiente para meterte con mis reclutas!

-¡Cállate!-Le respondió el mastodonte mientras cogía la lanza que estaba en el suelo. Ya se disponía a rematar al pobre recluta. Hadar pensó para sus adentros: "Utan yihad hur" y las voces burlonas de los soldados empezaron a ralentizarse y un pequeño choque impactó en él, mas no se inmutó siquiera. Las acciones de Ghengis fueron mucho más lentas. Desenvainó la espada y empezó a caminar en dirección al cobarde mastodonte.

La lanza ya empezó a bajar en dirección al recluta, pero se encontró con el filo de una serrada espada con empuñadura de una hidra comiendo la hoja. Hadar le dijo un poco mosqueado:

-Como te vea tocando a uno sólo de mis reclutas, capullo, ten por seguro que perderás algo más que las manos y las piernas.-El guerrero se mostró bastante aterrado con aquella velocidad y más con aquella amenaza. Conocía a Hadar, y sabía de lo que era capaz. Ya lo demostrara varias veces. Retiró la lanza de la espada y se fue de allí escupiendo maldiciones hacia Hadar y todo su escuadrón.

El capitán le tendió la mano hacia el soldado y le preguntó:

-¿Estás bien?-Él le respondió tímidamente:

-Un poco magullado, pero estoy bien.-Era moreno y pálido, bastante más bajo que el joven capitán, aunque apenas debía de tener dieciséis años. A continuación, se marchó de allí, volviendo con los del escuadrón. Cuando el círculo de soldados se deshizo, Hadar se fué en dirección hacia los guerreros.

-¡Soldados! ¡Formen!-Todos se fueron delante de él e hicieron una fila perfectamente recta. Empezó a hablar:-¡Bien! ¡Hoy tenemos una misión por encargo del mismísimo rey!-Hizo una pequeña pausa para ver las reacciones, todos estaban completamente callados. Prosiguió con su arenga:-Sera escoltar al a princesa hasta la ciudad de Alinot. Seleccionaré a unos pocos del escuadrón e iremos escoltando la carroza.-Se levantó un pequeño murmullo entre los guerreros. Hadar empezó a nombrar:-¡Darkos, Hailanguil, Thruta, Jess, Kaska y Mazo!-Los seis se adelantaron, en general iban tapados con el yelmo y llevaban espadas o mazas. Dulallos se acercó a Hadar ansioso:

-Capitán... ¿y nosotros qué?-Hadar le contestó con un seco y simple:

-Necesito a mis mejores guerreros aquí, teniente.- Con un gesto del brazo, los otros guerreros lo siguieron hasta la entrada de palacio.

Capítulo 3

Ya lo continuaré, la desgana me puede xDDDDDD

Bienvenidos a mi blog.

Bueno, pues al final me dió por hacerme un cutreblog xDDDDD

Pues nada, aquí haré los fics que se me ocurran y tal, además de comentar algunas cosas en cuanto pueda =3

Nos vemos ^^